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Anorgasmia: causas y tratamiento psicológico

Anorgasmia: causas y tratamiento psicológico

Vivimos en una sociedad orientada hacia la búsqueda de placer y como es lógico, tener una vida íntima satisfactoria se convierte en algo cada vez más importante. Y aunque en los últimos años han desaparecido muchos de los tabús relacionados con la vida sexual, todavía existen algunos factores que limitan al ser humano a la hora de disfrutar plenamente de sus experiencias sexuales. Variables como un modelo educativo conservador y rígido o el simple pudor, pueden facilitar la aparición de determinados trastornos como es la anorgasmia.

En este artículo nos vamos a centrar exclusivamente en la anorgasmia o disfunción orgásmica femenina, entendida la misma como la ausencia o retraso del orgasmo, a pesar de haber alcanzado unos niveles de excitación normales. Es decir, no se logra la culminación incluso después de una actividad sexual adecuada en cuanto a la estimulación, intensidad y duración. La prevalencia de este trastorno sexual es relativamente alta (15-61% de las mujeres) y conlleva sentimientos importantes de inseguridad, tristeza, incomprensión y soledad.

Factores implicados en su desarrollo

Su presencia puede deberse a determinadas alteraciones neurológicas, metabólicas o endocrinas, así como a diferentes enfermedades como la de Addison o el hipotiroidismo. La capacidad para alcanzar el orgasmo también puede verse afectada por el consumo de algunos fármacos (por ejemplo, tranquilizantes) o drogas como el alcohol. Y en cuanto a los posibles factores psicológicos que inciden en su aparición y mantenimiento destacan el estilo educativo y las creencias personales, las experiencias traumáticas, el estrés, la vergüenza y el hipercontrol de las reacciones, las alteraciones del estado de ánimo, etc.

La relación con la pareja también suele ser un factor importante en el desarrollo del problema. Así, los conflictos, la falta de conexión o confianza con el cónyuge, y la comunicación ineficaz con este pueden dificultar la consecución del orgasmo. Sin embargo, y a no ser que se observe la presencia de enfermedades mentales u orgánicas graves, prácticamente todas las mujeres tienen la capacidad de llegar al clímax. Y a menudo aprender a comunicarse de forma más abierta con la pareja o conseguir un buen manejo emocional puede resultar muy beneficioso con vistas al problema.

Recomendaciones de cara al tratamiento

Antes que nada, es importante disponer de información fiable acerca de la respuesta sexual y sus diferentes manifestaciones, incluidas las aceptadas por otras culturas. En este sentido, se recomiendan las lecturas eróticas y de carácter educativo acerca de la sexualidad, con el fin de eliminar las posibles ideas erróneas que pueden limitar la expresión sexual. Las creencias rígidas y disfuncionales acerca de la experiencia sexual a menudo desempeñan un papel crucial en la capacidad de alcanzar el orgasmo, por lo tanto, su discusión y eliminación suelen ser primordiales.

Es importante señalar que las técnicas de relajación suelen dar muy buenos resultados a la hora de afrontar la ansiedad, sin embargo, todavía no existe evidencia científica de que potencien la experimentación del orgasmo. De ahí que algunos autores planteen la duda si realmente la ansiedad es un factor que puede limitar la capacidad para alcanzar al clímax. Lo que sí parece tener un valor importante es la imaginación, facilitando las fantasías eróticas y la consecución del orgasmo.

La familiarización con el propio cuerpo es fundamental y suele empezar delante del espejo, exponiendo y explorando manualmente los genitales. El objetivo todavía no es la búsqueda del placer, sino conocerse mejor. Una vez superada esta etapa inicial, se puede pasar a la estimulación con el chorro de agua de la ducha, dado que esta experiencia es probablemente la que más facilita la aparición del orgasmo. Más adelante, y consolidada esta técnica, se pueden emplear las manos o el consolador para alcanzar el clímax.

Un último paso, y una vez trabajados los posibles problemas de comunicación conyugales, la mujer pasaría a masturbarse en presencia de la pareja, dejando paulatinamente que sea él quien siga estimulándola. Superada esta fase, se puede proceder a la penetración, siendo recomendables las posturas que posibilitan la estimulación clitoridea. No obstante, es importante indicar que la puesta en práctica de estas recomendaciones sin la supervisión de un profesional puede no producir los efectos deseados.

Tratamiento psicológico de la anorgasmia

Para finalizar, hilando con lo anterior, nos gustaría insistir en la importancia de acudir a un especialista para asegurar el correcto manejo de la situación. Además de estas recomendaciones, la intervención psicológica de este problema también incluye el trabajo sobre los pensamientos, aspectos relacionados con la regulación emocional y la reparación de los problemas de pareja para garantizar el éxito terapéutico. Dicho esto, esperamos que nuestra aproximación a la anorgasmia femenina os haya resultado útil e interesante.