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El trastorno de identidad disociativo: personalidad múltiple

 El trastorno de identidad disociativo: personalidad múltiple

En ocasiones nos quedamos tan sorprendidos con nuestra forma de actuar que nos preguntamos si no habrá un extraño en nuestro interior. ¿Y si fuesen varios? ¿Y si cada uno tratase de hacerse con el control y manejarnos a su antojo? De todos los problemas psicológicos el trastorno de identidad disociativo sea probablemente el más controvertido y complejo, no solo porque supone un verdadero reto para el terapeuta, sino porque convierte la vida de quien lo padece en un caos absoluto.

Factores que facilitan su desarrollo

Este trastorno suele desarrollarse en la infancia, lo que llevaría a pensar que no se trata de la segmentación de una personalidad totalmente formada, sino de algo que aparece como consecuencia de la interacción de diferentes factores durante la formación de la personalidad. Entre dichos factores destacan los traumas durante la niñez, incluido el abuso sexual, las conductas negligentes, una enfermedad grave, la pérdida o abandono parental. En la mayoría de los casos la víctima es sometida a humillaciones o agresiones y se encuentra exenta de ayuda y apoyo.

Como consecuencia y a modo de defensa, la persona aislaría determinados hechos de su memoria, facilitando la configuración de diferentes personalidades que cumplirían una función protectora, tratando de amortiguar el impacto de la experiencia dolorosa. Cada una de las identidades tendría una forma peculiar de relacionarse con el entorno y una historia personal diferente, con distintos recuerdos, sentimientos, incluso fobias, etc. Y mientras algunas personalidades logran coexistir de forma relativamente harmoniosa, otras, por el contrario, pueden tener una ¨convivencia¨ conflictiva.

¿En qué consiste el trastorno de identidad disociativo?

Se suele distinguir entre una identidad primaria que parece ser más sumisa y deprimida, e identidades alternas que tienden a ser más dominantes. Existe cierta controversia a la hora de identificar la personalidad anfitriona, dado que según algunos autores seria la que se comporta de forma más socialmente aceptable; en cambio, otros señalan que sería la que toma el control durante más tiempo. En el momento del diagnóstico suelen observarse de dos a cuatro personalidades, pudiendo llegar hasta una media de quince a lo largo del tratamiento.

En el trastorno de identidad disociativo las diferentes personalidades se van alternando y asumiendo el control sobre el individuo, lo que acaba causando lagunas importantes de memoria. De este modo la persona es incapaz de recordar información relevante sobre alguna de las identidades y a menudo oye hablar a los demás acerca de cosas que ha hecho y de las que no tiene constancia. También es muy típico hablar en tercera persona o emplear ¨el plural¨ para referirse a uno mismo en personas que padecen el trastorno.

Las diferentes identidades pueden conocerse e interactuar entre sí y en este caso la persona dice oír voces y conversaciones internas. O por el contrario, pueden ignorar la existencia de otras personalidades. También es posible que una identidad sepa de la presencia de otra, pero que la segunda desconozca la existencia de la primera. Las identidades alternas pueden tener diferente sexo y edad, y ser de naturaleza animal, ángel o demonio, etc. Dos de las personalidades que se observan con más frecuencia son el persecutor y el adolescente.

Mientras ¨el adolescente¨ suele mostrarse divertido, despreocupado, enérgico y dispuesto a cooperar con el terapeuta, ¨el persecutor¨ tiende a ser todo lo contrario. Se trata de una personalidad agresiva y dañina, que suele empujar a la personalidad primaria a autolesionarse o directamente al suicidio. También es la que suele descargar los impulsos ¨prohibidos¨ del individuo. Esta identidad resulta muy importante para la intervención, dado que es necesario conseguir que colabore y que se fusione con la identidad primaria antes que el resto de personalidades.

Síntomas y tratamiento

Las personas que padecen el trastorno a menudo experimentan ansiedad y síntomas característicos de la esquizofrenia, el trastorno por estrés postraumático y la depresión, disfunciones sexuales, etc. Son frecuentes los fuertes dolores de cabeza, la despersonalización (sensación de distanciarse de uno mismo), la desrealización (percepción del entorno como irreal) y las experiencias paranormales (posesión). Tampoco es raro el abuso de diferentes sustancias adictivas y, en definitiva, se trata de un trastorno muy incapacitante que a menudo acaba en suicidio.

Además, son frecuentes las crisis disociativas que pueden estar provocadas por los intentos de tomar el control de las identidades alternas, e implican flashbacks relacionados con el trauma vivido y/o amnesia. El trastorno suele hacerse visible durante entrevistas más largas debido a la dificultad por mantener el control sobre el comportamiento, aunque en ocasiones las inconsistencias en la conducta se evidencian una vez iniciada la terapia. Esta por supuesto debe llevarse a cabo por un especialista dada la compleja naturaleza del problema.

El problema de las muchas caras

Las técnicas que suelen emplearse durante el tratamiento son las cognitivo-conductuales y/o la hipnosis. Y el principal objetivo sería la fusión de las diferentes identidades que debe llevarse a cabo en presencia de la personalidad primaria o girar en torno a ella. No se aconseja la fusión entre personalidades alternas, ya que puede llevar a resultados no deseados. Aunque algunos aspectos del trastorno de identidad disociativo siguen siendo un enigma y su tratamiento un reto, esperamos que la información proporcionada os haya resultado útil e interesante.