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Muerte y duelo: el arte de decir adiós

 Muerte y duelo: el arte de decir adiós.

¿Quién no ha sufrido alguna vez la dolorosa experiencia de perder a un ser querido? Detrás de cualquier pérdida como una ruptura sentimental, la separación de amigos o la muerte de un ser querido, se abre una herida que nos genera un intenso sufrimiento y que encierra una oportunidad para nuestro crecimiento personal. En este artículo profundizamos en el concepto del duelo, desde su concepción hasta la necesidad de aprender a dejar ir a esa persona para procesar la pérdida y poder superarlo.

¿Qué ocurre en el duelo? ¿Por qué duele tanto?

El duelo es un proceso psicológico que tiene lugar cuando fallece alguien significativo en nuestras vidas. El dolor que se experimenta, en ocasiones, puede llegar a ser muy incapacitante, además se siente una gran pena o aflicción. En este contexto, suelen aparecer también sentimientos como la tristeza, el enfado, la culpa, la ansiedad y la impotencia. Por tanto, el duelo es un proceso complejo con diversas dimensiones que afecta a nuestras emociones, pensamientos, sensaciones corporales y a nuestra forma de comportarnos.

El vínculo con la persona fallecida se quiebra y la ausencia nos fuerza a tener que encontrar otra forma de relacionarnos con el mundo sin esa persona. La compañía, la calidez del contacto físico y la conversación han dado paso al recuerdo y la sensación de vacío. También se producen cambios en la posición respecto a la propia vida, ahora hay que encontrar la forma de afrontar el mundo sin esa persona. Por tanto, implica un cambio muy drástico y que afecta a todas las áreas de la vida, por lo que el proceso puede ser muy doloroso.

La necesidad de conocerse vulnerables

La muerte implica el momento final de la vida de una persona y el comienzo de un nuevo paradigma para sus allegados y seres queridos. No obstante, la muerte es un fenómeno temido y, frecuentemente, vivido con un gran rechazo en nuestra sociedad occidental. El culto sin límites a la juventud, a lo bello o a lo sexualmente atractivo ha contribuido en gran medida a que esta fase final de la vida y la propia muerte se hayan desnaturalizado y se vean en nuestra sociedad con distancia y rechazo.

La proliferación del avance científico técnico, sobre todo en materia de salud, ha posibilitado el aumento de la esperanza de vida y ha mejorado también su calidad. Mientras que nuestra sociedad ha tendido a la consideración de que la muerte se aleja de los vivos, la desnaturaliza y la oculta como si nunca fuésemos a morir. Los cementerios están localizados en sitios estratégicos para no ser vistos, es ofensivo morir en público, e incluso existe la convicción de que nuestros enfermos prefieren morir en soledad, por citar algunos ejemplos.

Por tanto, nuestra forma de enfocar la realidad se aleja radicalmente de la cercanía con la que se vivía en la Edad Media o de la visión romántica que se tenía de ella en el siglo XIX, ambas, pese a sus carencias, facilitaban la posterior elaboración del proceso de duelo y su aceptación debido a su integración en la vida cotidiana. La muerte es ahora percibida socialmente como inaceptable o prohibida, lo cual hace que nuestra capacidad para superar circunstancias traumáticas como el fallecimiento de un ser querido sea menor.

El duelo como el arte de aprender a “dejar ir”

Como hemos comentado con anterioridad, en nuestra sociedad encontramos que existe la tendencia a desnaturalizar el sufrimiento humano, sea cual sea la forma que este adopte. De tal manera que las personas prefieren centrar sus vidas en la búsqueda de cosas agradables y positivas, en exclusividad. Sin embargo, como muchas cosas en la vida, el placer se presenta unido a una porción de sufrimiento que será necesaria para dar sentido a esos momentos reforzantes. Por tanto, a veces experimentar este malestar o dolor puede ser útil.

Los cambios emocionales que surgen en el proceso de duelo nos pretenden ayudar a reelaborar el significado de la pérdida y a realizar los cambios pertinentes para poder seguir adelante, no escuchar este mensaje puede tener consecuencias importantes para el bienestar psicológico. Por tanto, la aceptación de la pérdida es una parte clave de este proceso. Aprender a dejar ir a esa persona y normalizar el sufrimiento, permite aliviar el dolor y retomar la vida desde una posición más realista y esperanzadora.

¿Cuándo solicitar ayuda profesional?

En términos generales, el dolor, el malestar, el sufrimiento o las alteraciones psicológicas que acompañan al duelo son completamente “normales”, pero pueden existir problemas que por su frecuencia, intensidad, duración o el hecho de que interfieran marcadamente en nuestras vidas pueden ser un motivo de preocupación para acudir a un psicólogo. De acuerdo con la guía para familiares en duelo recomendada por la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), señalamos algunos indicadores ante los cuales sería recomendable solicitar ayuda profesional:

  • Pensamientos reiterados sobre la persona que ha fallecido que interfieren en el desempeño habitual de la persona.

  • Sentimiento de profunda tristeza (inutilidad, soledad, pesimismo, insatisfacción con uno mismo, perdida de interés, indecisión, pérdida de energía, sentimientos de vacío, etc.).

  • Sentirse insensible o indiferente, sin ningún tipo de respuesta emocional.

  • Experimentar incredulidad respecto a la muerte de esa persona querida.

  • Estar enfadado constantemente o la presencia de episodios de ira descontrolada.

  • Tener serias dificultades para aceptar la muerte.

  • Pensar que el mundo ha cambiado, que ya no es como era antes y verlo como un lugar hostil, inseguro e incontrolable.

  • Sentirse culpable por seguir con vida o mal por el simple hecho de seguir adelante.

  • Sentir un gran malestar físico (adelgazamiento excesivo, aumento de la tensión, sensación fuerte de opresión en el estómago o la sensación de tener un objeto perforante clavado en el pecho, etc.).

  • Incrementar el consumo de alcohol, tabaco o medicamentos.

  • Pensamientos o deseos de suicidio.

La necesidad de saber “soltar” en el duelo psicológico.

Es preciso subrayar que todas estas manifestaciones psicológicas son normales en cierta medida, sin embargo, cuando ocurren a diario, con intensidad y afectan al funcionamiento habitual es cuando recomendamos solicitar ayuda. Por lo demás, esperamos que os haya gustado este artículo informativo sobre la muerte y el duelo: el arte de aprender a decir adiós, recordad que en próximos artículos profundizaremos más sobre este tema, os daremos alguna recomendación para superar o procesar mejor el duelo y trataremos el duelo infantil.

2 ideas en “Muerte y duelo: el arte de decir adiós

    1. Hola Karla, si deseas ayuda por favor escríbenos a nuestra dirección de correo electrónico o déjanos alguna información de contacto y ya nos ponemos nosotros en contacto contigo. Un saludo.

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