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¿Sabes qué es el síndrome del emperador o del niño tirano?

¿Sabes qué es el síndrome del emperador

¿Por qué algunos niños se comportan como dictadores? Son egocéntricos, no aceptan las reglas o los limites familiares y rechazan cualquier forma de autoridad. Los problemas de comportamiento son constantes y con frecuencia tienen rabietas o violentos episodios de ira descontrolada. Son unos verdaderos tiranos. ¿Por qué estos niños imponen su ley en casa? ¿Qué salió mal durante su desarrollo? ¿Son los padres los responsables? La respuesta es sencilla: unos padres permisivos tienen en respuesta a un hijo caprichoso e irresponsable, pero no a un niño violento.

En este artículo te contamos todo lo que debes sabes acerca de qué es el síndrome del emperador o, también conocido como, del niño tirano, cuáles son sus principales características y algunos apuntes sobre su tratamiento.

¿Cuáles son las características de estos “pequeños tiranos”?

El síndrome del emperador o del niño tirano se puede agrupar bajo el epígrafe de los trastornos del comportamiento, los cuales, por desgracia, se han vuelto más comunes en la última década, particularmente el maltrato hacia los padres. Este problema se caracteriza por un comportamiento desafiante y provocador hacia la familia, por una marcada agresividad (física o verbal), y la transgresión continuada de las normas y los límites familiares. También suelen aparecer un exagerado egocentrismo, baja tolerancia a la frustración y una escasa empatía, entre otras características.

En relación con las variables predisponentes, una mayoría de expertos coinciden en señalar que determinados factores como un estilo educativo demasiado permisivo, la excesiva sobreprotección en su cuidado, la ausencia de autoridad y sobretodo la falta de calidez pueden contribuir significativamente a la aparición de este problema. Sin embargo, esto no siempre es así, hoy sabemos que factores como la predisposición genética y el propio ambiente también están relacionados con su desarrollo, por lo que es importante corregir la idea de que la culpa siempre es de los padres.

Estas son las principales características que presentan estos niños:

1.- Sienten muchas emociones negativas. Con frecuencia suelen sentirse tristes, enfadados, culpables y/o ansiosos debido a que no han adquirido las competencias necesarias de gestión emocional. La baja tolerancia a la frustración o las situaciones que les produzcan alguna incomodidad suelen ser la antesala a la aparición de rabietas o episodios violentos.

2.- Sentimiento exagerado de la posesión. Estos niños se muestran intransigentes y siempre aguardan a que otras personas les den lo que ellos quieren.

3.- Suelen tener frecuentes rabietas y ataques de ira. En aquellas situaciones en las que se les niega lo que demandan pueden llegar a responder con insultos e incluso a manifestar su enfado descargando contra alguna persona en forma de violencia explícita.

4.- Autorreferentes. Uno de sus rasgos más característicos es el egocentrismo. Como dice el refranero popular, “se creen los reyes del mambo” o “sólo saben mirar su propio ombligo”.

5.- Carecen de empatía. Como consecuencia de lo anterior, su capacidad para ponerse en el lugar de la otra persona está muy deteriorada y, por tanto, son incapaces de hacerlo. Por este motivo tampoco piden perdón a los demás por su comportamiento lesivo y desconsiderado.

6.- La responsabilidad siempre es del otro. Cuando meten la pata o cometen alguna fechoría siempre suelen atribuir la culpa de sus acciones a un tercero, ellos nunca son los responsables.

7.- No saben adaptarse. Debido a su tendencia a esperar que otros les solucionen sus problemas disponen de muy pocos recursos para afrontarlos. Y, aunque la mayoría de los conflictos se originan delante de sus figuras de cuidado, su incapacidad por aceptar las normas hace que suelan quedar aislados en casi cualquier escenario fuera de su zona de seguridad.

8.- Caprichosos. Estos niños están constantemente demandando atención y piden hasta mostrarse exigentes. Una vez consiguen lo que se proponen dan muestras de su insatisfacción y vuelven a pedir más.

9.- Son rebeldes y no toleran el castigo. Desde muy pequeños tiene frecuentes encontronazos con las figuras de autoridad (padres, maestros o profesores, etc.) y buscan trasgredir las normas o límites fijados por la familia. Además, rechazan cualquier forma de castigo y siempre encuentran la forma de salirse con la suya y evitarlo, incluso llegando a manipular a sus progenitores para que les concedan más privilegios.

¿Qué hacer si mi hijo se ha convertido en un “dictador”?

La intervención tendría por objetivo principal dotar a los padres de las estrategias de afrontamiento necesarias para controlar y/o eliminar los problemas de comportamiento, reducir el egocentrismo y desarrollar una mayor empatía. En este sentido, la intervención se realizaría entorno a aspectos como ayudar a los padres a establecer reglas, fijar límites y limitaciones, a responsabilizar a sus hijos por su comportamiento y a enseñarles a no sobreprotegerlos, a estar unidos ante una misma problemática y mostrar firmeza para evitar la manipulación del menor.

Como ya hemos comentado estos niños son insensibles al castigo, por lo que es importante aprovechar cualquier ocasión que se presente para gratificar al niño por aquellos comportamientos que sean deseables. En esta misma línea, es crucial no amenazar con castigos que acaban por no hacerse efectivos por parte de los padres ya que restan autoridad. Por último, en los casos de niños más caprichosos y desapegados, sería recomendable hacer lo posible por mejorar la relación entre padres e hijos ya que esto nos ayudará a prevenir problemas futuros de comportamiento.

¿Qué y cómo tratar el síndrome del niño tirano?

Esperamos que hayáis encontrado de interés y cierta utilidad la información contenida en este artículo sobre el síndrome del emperador o del niño tirano. Si habéis detectado que vuestros hijos tienen algunas de estas características, lo más recomendable es consultar a un profesional ya que una intervención precoz suele corregir con eficacia el problema. En los casos en que se deja pasar el tiempo sin hacer nada para remediarlo, las consecuencias a largo plazo son devastadoras para el correcto desarrollo de estos niños y para la dinámica familiar.