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El perfeccionismo: un arma de doble filo

Las dos caras del perfeccionismo

Solemos percibir el perfeccionismo como algo positivo y deseable, ya que lo relacionamos con ser perfecto y con la excelencia en el desempeño de diferentes tareas. Y si es verdad que nos puede conducir a grandes logros, también puede llegar a limitar nuestras vidas de forma significativa. ¿Cuándo ocurre esto? Cuando perdemos demasiada energía y realizamos un esfuerzo sobrehumano por cuidar el más mínimo de los detalles, llegando a sacrificar incluso las relaciones con nuestros seres queridos. Es decir, cuando el miedo a fracasar se acapara de nuestras vidas.

¿De qué depende el perfeccionismo?

Mientras algunos autores señalan que el perfeccionismo se aprende por imitación, otros lo vinculan con un modelo parental caracterizado por la tendencia de reforzar o castigar al niño principalmente en función de la calidad de la tarea. Así, desde la más temprana edad, éste se vería obligado a buscar la excelencia en todo lo que hace para recibir muestras de cariño y aceptación por parte de sus progenitores. Y lógicamente acabaría evitando la comisión de fallos debido a consecuencias negativas como el rechazo o falta de aprobación de los padres.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de perfeccionismo?

Podríamos decir que el perfeccionismo hace referencia a un conjunto de pensamientos y comportamientos marcados por unos elevados criterios de realización y temor al fracaso. Por lo tanto, esta tendencia de llevar a cabo las tareas de manera impecable se acompaña de una importante sensación de incertidumbre y de autoevaluaciones muy críticas. Es importante señalar que el perfeccionismo proporciona una alta motivación que si se canaliza bien puede facilitar la consecución de importantes logros, sin embargo, si no se maneja correctamente puede llegar a afectar negativamente el rendimiento.

Perfeccionismo adaptativo versus perfeccionismo disfuncional

Los perfeccionistas suelen dar mucha importancia al orden y la organización, y exigen de sí mismos y de los demás la excelencia en la realización de las diferentes tareas. Y es precisamente la calidad alcanzada lo que determina su valía personal, convirtiéndose la misma en motivo de satisfacción o frustración. En este contexto, podríamos decir que el perfeccionismo adaptativo implicaría la existencia de estándares de ejecución elevados, donde no obstante la persona comprende que su rendimiento o eficacia puede variar en función de las circunstancias.

Es decir, cuida meticulosamente los detalles, pero sin llegar a obsesionarse y comprende que en determinadas situaciones no será capaz de alcanzar el nivel de excelencia al que aspira. En definitiva, el perfeccionismo adaptativo permite focalizar el esfuerzo en la meta, aceptando los errores como algo natural y como una oportunidad para aprender y mejorar. Las personas que hacen un uso sano de esta característica, suelen confiar en sí mismos y no temen los retos lo que facilita la adquisición de nuevas habilidades y favorece la autoestima.

Llevado al extremo, sin embargo, puede suponer un problema, dado que se exagera la importancia del error cometido y la persona siente que ha fracasado. Es decir, las cosas son blancas o negras: lo que se ha hecho es impecable o no sirve, y el fallo más pequeño desmerece todo el trabajo. Esta forma de concebir las cosas puede derivar en comportamientos disfuncionales como negarse a iniciar una tarea porque hacerla perfectamente la haría demasiado desagradable, o precipitarse en acabarla, porque la perfección exigida es imposible de alcanzar.

Así, el perfeccionismo disfuncional puede generar una actitud demasiado crítica, desconfianza en las propias capacidades y las de los demás, y derivar en la evitación de nuestras obligaciones. De este modo los niveles de autoexigencia demasiado altos y las expectativas desajustadas a la realidad pueden llegar a ser paralizantes y en vez de mejorar nuestro rendimiento llevarían a una baja productividad. Todos estos comportamientos además se han relacionado con el desarrollo de diferentes trastornos psicológicos como la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo, los trastornos de la conducta alimentaria y de ansiedad.

Perfeccionista limpiando

Dicho esto, esperamos que la información contenida en este artículo os resulte útil e interesante. Nos gustaría recalcar que aunque el perfeccionismo puede llegar a ser perjudicial, en principio, no tiene por qué resultar incapacitante. Al contrario, podría acercarnos a nuestros objetivos y ayudarnos a mejorar tanto en el ámbito personal como en el laboral. Y si por el contrario sentís que está afectando negativamente vuestra vida siempre podéis acudir al psicólogo que se encargará de ayudaros a solucionar los problemas que pueden surgir a raíz del perfeccionismo desadaptativo.