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La promiscuidad: causas y consecuencias

La promiscuidad: causas y consecuencias

La promiscuidad es un término cargado de connotaciones negativas que a menudo conlleva la pérdida de reputación social y consecuencias graves para la salud de quienes la ejercen. Esta práctica suele relacionarse principalmente con la falta de madurez emocional, la negación a comprometerse y asumir responsabilidades en el ámbito personal, y, a menudo, implica un estigma social para quienes la desempeñan. Precisamente por ello, en el artículo de esta semana vamos a ver cuáles son los principales factores que influyen en el desarrollo de la promiscuidad, sus causas y consecuencias.

Según la Organización Mundial de la Salud la promiscuidad se da cuando alguien mantiene relaciones sexuales con más de dos personas en un periodo inferior a 6 meses. Es importante señalar que se trata de una definición aproximada, dado que estamos hablando de un fenómeno que no se tolera igualmente en todas las culturas, y que además obedece a otras variables como la edad y el sexo del practicante. Por otro lado, dentro de cada país existen distintos subgrupos cuyos valores pueden diferir de los valores generalmente aceptados por la nación.

Factores de riesgo para el desarrollo de la promiscuidad

Todo esto ha dificultado la formulación de una definición exacta del libertinaje, pero lo que sí sabemos con total certeza es que los encuentros sexuales esporádicos con diferentes personas, con frecuencia, son causa de embarazos no planificados y de contagio con graves enfermedades de transmisión sexual (ETS). Y lógicamente, una de las principales causas de la promiscuidad radica en la ignorancia derivada de la falta de información acerca de los riesgos que trae. Por ello la educación sexual resulta una medida imprescindible para disminuir la probabilidad de esos comportamientos.

Dicho esto, parece obvio que la ausencia de comunicación dentro del seno familiar, junto con la falta de afecto y atención parental, sea uno de los principales factores de riesgo para el libertinaje. La represión de los impulsos sexuales, el déficit de autoestima, el deseo de ganarse la aprobación de determinadas personas y la percepción del sexo como algo que nos hace ¨guay¨, también pueden propiciar la promiscuidad. Y no vamos a pasar por alto la influencia de los programas de televisión o películas que incitan una diversidad sexual desmesurada.

Promiscuidad y problemas psicológicos

Como indicamos anteriormente, esta actitud sexual con frecuencia aparece en personas que tienen baja autoestima o dificultades a la hora de establecer relaciones profundas. Pero además, la promiscuidad puede observarse dentro de algunos cuadros clínicos como el trastorno narcisista y el trastorno límite de personalidad o la fase maniaca del trastorno bipolar. También es habitual en víctimas de abusos sexuales en la infancia donde la persona acaba percibiendo el sexo como una forma de expresar afecto o se auto convence que es lo único valioso que puede ofrecer.

Consecuencias del libertinaje

Aparte de sorpresas desagradables como el embarazo no deseado o las ETS, la promiscuidad suele tener importantes secuelas psicológicas. Dado que se trata de conductas rechazadas por gran parte de la sociedad, el aislamiento y la soledad son algunas de las consecuencias más habituales. Por otro lado, el impacto negativo en la autoestima facilita la aparición de sentimientos de tristeza, ira, culpa, vergüenza o ansiedad. En definitiva, la promiscuidad con frecuencia conlleva una pérdida de respeto por uno mismo y suele ser incompatible con el bienestar emocional y físico.

Consecuencias del libertinaje

Como hemos visto las causas y consecuencias de la promiscuidad hacen de este un problema muy serio, a menudo, acompañado de fuertes emociones desagradables y de una destrucción de la imagen de la persona que lo ejerce. En algunos casos basta con ofrecer información acerca de los peligros que implica, pero en otros lo recomendable sería acudir a un profesional. En este sentido, la intervención del psicólogo puede ser muy útil para conseguir un correcto manejo emocional y superar el posible trauma, así como para la mejora del autoconcepto y del control de los impulsos sexuales.