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El mundo de las pesadillas: donde viven los monstruos

El mundo de las pesadillas: donde viven los monstruos

A menudo, acabamos el día con el único deseo de sentir el tacto suave de la almohada y rendirnos ante su dulce promesa de descanso, paz y tranquilidad. El mundo de los sueños nos brinda todo esto y más: la posibilidad de vivir innumerables aventuras, de hacer y ser todo aquello que nos impiden los límites de la realidad. Pero, a veces el sueño maravilloso se convierte en pesadilla: las rosas rojas se vuelven negras, la manzana apetecible se pudre y el príncipe se convierte en algo muy poco encantador.

El origen de las pesadillas

De noche pasamos por dos fases diferentes del sueño. La primera de ellas incluye 4 etapas mientras que la segunda es la fase REM, una lleva a la otra y luego ambas fases se van alternando. El sueño REM se inicia a los 90-110 minutos de dormirse y se caracteriza por una alta actividad cerebral. Es precisamente en esta fase donde suelen ocurrir la mayoría de los sueños, incluidas las pesadillas. Así, mientras dormimos se abre el baúl de los recuerdos, algunos de ellos cuidadosamente evitados de día y la memoria comienza a reorganizarlos.

Sin embargo, la mente puede ser un terreno realmente pantanoso y como consecuencia de esta reelaboración de la información, a veces surgen monstruos. Así, debido a la agrupación de distintos detalles uno puede acabar por ser perseguido, ahogado o por caerse de un precipicio. En definitiva, las pesadillas generan sentimientos de angustia, miedo e indefensión. Sin embargo, hay que destacar algo a su favor: podrían tener la función de ayudar al soñante a encontrar solución a problemas cotidianos.

¿De qué se alimentan?

Antaño se consideraba que las pesadillas estaban provocadas por demonios o monstruos que salían de noche y se posaban sobre el durmiente. Con su peso limitaban la respiración de este y de allí el nombre: pesadillas. Hoy en día sabemos que en su origen influyen factores psicológicos como el estrés, diferentes traumas o problemas sin resolver, fobias, etc. La insatisfacción con la vida del soñante, su elevada sensibilidad, baja capacidad de regulación emocional y el insomnio también parecen incidir en su presencia.

Para disminuir su aparición sería recomendable evitar comer antes de acostarse, así como el consumo de determinados fármacos o drogas, incluidos el café, el alcohol y el tabaco, unas horas antes de irse a la cama. Tampoco sería conveniente ver películas o leer libros de terror sobre todo en el caso de las personas que se dejan influir fácilmente por este tipo de contenidos. Factores externos como un ruido fuerte, fisiológicos como la fiebre y la fatiga o genéticos también pueden estar implicados en su aparición.

El mundo de las pesadillas: origen y factores que las mantienen

Esperamos que la información sobre el origen y las variables que influyen en el mantenimiento de las pesadillas os haya resultado interesante. Es verdad que la presencia de estas no tiene por qué suponer un problema psicológico serio, sin embargo, cuando son recurrentes suelen asociarse a diferentes trastornos como la depresión, el trastorno por estrés postraumático e incluso la esquizofrenia. En estos casos, la intervención psicológica suele ser lo más recomendable para identificar los factores que fortalecen esos enemigos nocturnos y aprender a lidiar con ellos.