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Sherlock Holmes: las claves de la solución de problemas

Sherlock Holmes: La clave de la solución de problemas

Sherlock Holmes es un famoso personaje de ficción creado a finales del siglo XIX por el escritor escocés sir Arthur Conan Doyle. Este personaje, quien en la novela se gana la vida como detective privado, destaca por su elevada inteligencia y su hábil uso de la observación y el razonamiento deductivo para resolver casos complicados. Además, ha sido objeto de numerosas adaptaciones de cine y televisión. Pero, ¿qué nos puede enseñar sobre las claves que se esconden detrás de los procesos de toma de decisión y solución de problemas?

Sherlock, el maestro de la conciencia plena

Probablemente, cuando hablamos de aplicar el método científico a la psicología sea más usual citar a autores de renombre como Sigmun Freud, padre del psicoanálisis, Frederic Skinner, pionero en trabajos de psicología experimental, o William James, padre de la psicología moderna, sin embargo, cuando se trata de encontrar un mentor más aplicado quizás la inspiración venga de otro lado. Sherlock Holmes representa todo lo que significa aplicar estos principios de experimentación y aplicarlos de forma lógica a los pensamientos para mejorar el proceso de toma de decisiones.

La figura de Sherlock encarna las características de alguien que usa la “fría lógica” y la atención plena como aproximación para pensar más científicamente y resolver mejor los problemas. Como se ha comentado con anterioridad, Sherlock es un maestro de la observación, que implica no solo ver sino ser plenamente consciente de aquello que se contempla. En contraposición a su pupilo y compañero de batallas Watson, la mente de Sherlock es capaz de resistir la tentación de distraerse y de concentrarse completamente en la tarea, algo muy útil para resolver un problema.

Gran parte del secreto de la perspicacia de este conocido personaje de ficción reside en su capacidad para “entrar en contacto con el momento presente”. Sherlock sabe bien que cada sistema perceptivo cuenta y que el cerebro se vuelve más eficiente y creativo cuando aprende a centrarse en una sola cosa. Hoy sabemos que la puesta en práctica, tan solo durante 5 minutos diarios, de esta habilidad genera cambios en nuestro cerebro que se asocian a un aumento del campo perceptivo, el rendimiento y la satisfacción con la propia vida, entre otras.

Las claves de Sherlock para solucionar problemas

En la “La Liga de los Pelirrojos” una mujer les plantea que su jefe la ha contratado para no hacer nada. Entonces, Watson sugiere que deben acudir a su trabajo con celeridad mientras que el detective señala, “bueno, este el típico problema de las tres pipas”. Entonces, se sienta en su sillón, se fuma tres pipas y cuando termina ya tiene la solución. Esto nos enseña que no se puede saltar directamente a la resolución de los problemas, hay que saber dar un paso atrás y enfocarlo de una forma adecuada para luego ser más resolutivos.

En otro de sus casos, el inspector Lestrade, en su intento por resolver un robo nocturno, plantea al Sr. Holmes que el perro no había saltado las alarmas y que no se había escuchado nada significativo. En ese momento, el detective espetó, “eso es lo significativo, el perro no ha ladrado porque debía conocer al ladrón”. Esto se conoce como “omisión negligente”, es decir, que tendemos a ver solo lo que se nos ha presentado y olvidamos indagar. Por tanto, para resolver un dilema es importante reunir primero información sobre dicho problema antes de avanzar en el proceso de solución.

A la hora de generar alternativas de solución el detective sabe que un exceso de confianza puede alejarle de las contingencias del mundo real. Para evitarlo procura producir opciones de solución en parte como lo haría un niño. Los niños no son tan racionales como los adultos, están en contacto con el momento presente, no enjuician, son flexibles y afrontan la vida con gran creatividad. De forma que Sherlock siempre intenta aplicar estos principios a la hora de valorar alternativas, incluso aquellas disparatadas que puedan parecen improbables de funcionar. Posteriormente trata de seleccionar la mejor opción de entre todas ellas.

Por último, es necesario probar, uno de los mantras de Holmes es que “una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. De esta forma, cuando se ha reunido toda la información, cuando se ha observado, cuando se han generado distintas alternativas, es momento de ver cuál de ellas es la correcta y funciona mejor. Una vez se lleva a la práctica es necesario volver atrás, actualizar la información y valorar el grado de satisfacción con los resultados, de otra forma el exceso de confianza puede entorpecer nuestros intentos de solución.

Con independencia de la versión del personaje de Conan Doyle con la que os identifiquéis, aunque sea ficticio, esperamos haberos convencido de que Sherlock Holmes tiene mucho que contarnos sobre cómo optimizar nuestro rendimiento a la hora de solucionar problemas de una forma más eficiente. Recordad que las personas que son mejores resolviendo problemas no son las más inteligentes sino las que saben cómo hacerlo y están entrenadas para ello. Por tanto, si se os atraganta alguna situación o no estáis seguros de cómo afrontar algo, no dudéis en consultar a un profesional.